Ciudad de Hiroshima
Declaración de Paz

6 de agosto de 2021

En este día hace 76 años, una sola bomba atómica redujo instantáneamente nuestra ciudad natal a una planicie quemada. Ese bombardeo trajo una muerte cruel a incontables víctimas inocentes y dejó a aquellos que lograron sobrevivir con profundas heridas físicas y emocionales que durarían toda la vida, debido a la radiación, el miedo de los efectos posteriores, y la dificultad económica. Una sobreviviente que dio a luz a una niña al poco tiempo del bombardeo dice “A medida que más horrores de la bomba salían a la luz y me preocupaba más por sus efectos, me preocupaba menos por mí misma y más por mi niña. Mi sufrimiento creció noche tras noche sin dormir, imaginando el futuro que le esperaba a mi hija. 

“Nunca más nadie debe sufrir como nosotros”. Estas palabras expresan la voluntad de los sobrevivientes que, habiendo conocido horrores demasiado dolorosos para recordar, fueron condenados al miedo, la frustración y la agonía por el futuro posible de sus hijos y sus propios cuerpos irradiados. Cuando los hibakusha cuentan sus historias, transmiten no solo el horror y la inhumanidad de las armas nucleares sino también un intenso anhelo por la paz, nacido de la compasión. Finalmente, luego de 75 largos años de actividad sostenida, sus demandas han conmovido a la comunidad internacional. Este año, el 22 de enero, el Tratado para la Prohibición de Armas Nucleares entró en vigor. Le toca ahora a los líderes mundiales apoyar este tratado, cambiando su enfoque hacia una sociedad verdaderamente sostenible y libre de armas nucleares. 

El nuevo coronavirus todavía azota nuestro mundo. La comunidad de naciones reconoce esta amenaza a la humanidad y está tomando medidas urgentes para acabarla. Las armas nucleares, desarrolladas para ganar guerras, son una amenaza de aniquilación total que podemos ciertamente acabar, si todas las naciones trabajan juntas. Ninguna sociedad sostenible es posible con estas armas continuamente listas para la matanza indiscriminada. La sabiduría combinada de todos los pueblos debe estar apuntada hacia su abolición total.

El camino a la abolición no será suave, pero un rayo de esperanza brilla desde los jóvenes que ahora retoman la misión de los hibakusha. Un sobreviviente que fue testigo del infierno aquel día encomienda nuestro futuro a los jóvenes con estas palabras: “Comienza pequeño, pero comienza. Espero que cada uno de ustedes hará lo que pueda para promover y mantener el tesoro que llamamos paz.” Le pido a nuestros jóvenes que sostengan una convicción inamovible de que las armas nucleares son incompatibles con vidas plenas y sanas. También les pido que compartan esa convicción de manera persuasiva con la gente en el mundo. 

Nunca debemos olvidar que los jóvenes pueden ciertamente imponer a los líderes mundiales que abandonen la disuasión nuclear. A tres años del bombardeo, Helen Keller visitó Hiroshima, dando ánimo a sus residentes en la lucha para la recuperación. “Solos podemos tan poco. Juntos podemos tanto”. Sus palabras nos recuerdan que los individuos, cuando se unen, tienen el poder de cambiar el mundo. Si la determinación a vivir en paz se extiende a través de la sociedad civil, la gente elegirá líderes que compartan esa determinación. Las armas nucleares son la violencia humana definitiva. Si la sociedad civil decide vivir sin ellas, las puertas a un mundo libre de armas nucleares se abrirán de par en par. La ciudad bombardeada atómicamente de Hiroshima nunca dejará de preservar los hechos del bombardeo, diseminándolos más allá de las fronteras, y transmitiéndolos al futuro. Con más de 8000 ciudades miembro de Alcaldes por la paz en 165 países y regiones, promoveremos una “cultura de la paz” de alcance mundial. En una cultura global donde la paz sea un valor universal, los líderes mundiales encontrarán el coraje para corregir sus políticas.

Ya que la incertidumbre con respecto a las armas nucleares deriva de las negociaciones de desarme estancadas, tengo una demanda urgente para hacer a los líderes mundiales. Ha llegado el tiempo de un cambio profundo desde una táctica que recae en las amenazas hacia uno de seguridad basada en la confianza que se deriva del diálogo. La experiencia ha enseñado a la humanidad que amenazar a otros para la propia defensa no beneficia a nadie. Nuestros líderes deben entender que amenazar a los rivales con armas nucleares no logra nada de valor, pero que tratarse con empatía y construir amistades duraderas se conecta directamente con el interés nacional. Con ese fin, exhorto a todos los líderes mundiales a visitar Hiroshima y Nagasaki, alcanzar un entendimiento más profundo de los bombardeos, cumplir el mandato de desarme del Tratado de No Proliferación Nuclear, y unirse a las discusiones con el fin de maximizar la efectividad del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares.

Con respecto al gobierno de Japón, pido una mediación productiva entre los estados con armas nucleares y los estados sin armas nucleares. Más aún, en consonancia con la voluntad de los hibakusha, demando la firma y ratificación inmediata del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares, y luego una participación constructiva en el primer encuentro de Estados parte. Cumplir el rol de mediador debe incluir la creación de un ambiente que facilite la restauración de la confianza y la seguridad internacionales sin recaer en las armas nucleares. La edad promedio de los hibakusha se acerca a 84. Demando una asistencia más generosa para ellos y los muchos otros que sufren diariamente por los efectos físicos y emocionales de la radiación. Demando también un alivio inmediato para aquellos que fueron expuestos a la lluvia negra.

En esta Ceremonia conmemorativa de la paz que marca los 76 años desde el bombardeo, ofrecemos sentidas plegarias para el reposo pacífico de las almas de las víctimas de la bomba atómica. Junto con Nagasaki y quienes piensan de la misma manera alrededor del mundo, prometemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para abolir las armas nucleares e iluminar el camino hacia una paz mundial duradera. 

 

MATSUI Kazumi

Alcalde

La ciudad de Hiroshima